Israel intensificó su ofensiva en el sur del Líbano con el objetivo de expulsar a Hezbollah hasta el río Litani. El conflicto ha provocado miles de víctimas, destrucción masiva y el resurgimiento militar del grupo chiita, que logró reorganizarse mediante tácticas descentralizadas y guerra de desgaste
Israel y la maldición libanesa

Israel y la maldición libanesa
El primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, hizo público la intención de crear una zona de seguridad entre la frontera libanesa israelí y el río Litani, con el objetivo de expulsar a las fuerzas del Hezbollah. Una vieja receta que recuerda a la Operación Paz para Galilea. En este artículo analizamos, las tácticas y la “resurrección” del citado grupo terrorista libanés en el marco de la guerra iniciada en marzo de 2026.
Por el Dr. Jorge Alejandro Suárez Saponaro | Desde Buenos Aires para The Reporter
El conflicto con Irán, con la ofensiva conjunta entre Israel y Estados Unidos, significó la movilización del grupo terrorista Hezbollah, que había sufrido duros golpes en 2024 con la eliminación de gran parte de su conducción política militar. A lo largo de 2025, a pesar de un frágil acuerdo de cese el fuego, las fuerzas israelíes siguieron golpeando objetivos de la citada organización junto con el desarme y el desmantelamiento de bases e instalaciones de Hezbollah. Por otro lado, el ejército libanés y la misión de Naciones Unidas en el país – FINUL/UNIFIL – llevaron a cabo tareas de desarme de dicha organización donde fueron destruidos unos 700 túneles y búnkeres al sur del río Litani. Desde la misión de paz en Líbano, señaló que no había presencia de elementos de Hezbollah en el sur de dicho país árabe. Durante los quince meses de incursiones israelíes y la política de “desarme” del gobierno libanés, se estima que dicha organización tuvo varios miles de muertos. Asimismo, su peso político en el gobierno libanés se fue erosionando como también en la opinión pública. En numerosos medios, analistas especializados consideraron que Hezbollah estaba terminado como actor relevante en el Próximo Oriente. Incluso desde el Comando Central de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, su titular el general Michael Kurilla, señaló que el grupo había sido “diezmado”. El primer ministro libanés Nawaf Salam declaró que la presencia militar de Hezbollah al sur del río Litani estaba prácticamente erradicada.
La reconstrucción del grupo armado chiita comenzó al poco tiempo de decretarse el alto el fuego el 28 de noviembre de 2024. Los cuadros de la organización sacaron la conclusión, que tarde o temprano habría un nuevo enfrentamiento con Israel. El gobierno de dicho país aceptó el cese del fuego al parecer por los costos del conflicto y el haber cumplido con el objetivo de dar un golpe estratégico a la conducción de Hezbollah, provocando al parecer la parálisis del mismo, junto las importantes destrucciones de sus bases. El fin del régimen de Al Assad, fue leído como un bloqueo para el acceso a la asistencia iraní y en menor medida, siria. El célebre ataque por medio de los buscapersonas, por parte de Israel, dejó a la organización en una severa crisis. El aparato de seguridad de Hezbollah sabía que había vigilancia, pero falló en la prevención/contrainteligencia. A pesar de los duros golpes recibidos por la campaña militar israelí, las unidades de combate de la organización optaron una resistencia a ultranza, facilitando el repliegue de los mejores cuadros y fuerzas de combate, sentando las bases para la recuperación del grupo.
El 2 de marzo de 2026, iniciadas las hostilidades entre Israel y Estados Unidos contra Irán, el citado grupo pro iraní, lanzó cohetes y drones al territorio israelí, escalando el conflicto. La respuesta israelí – Operación Oscuridad Eterna – fue contundente con el anuncio de la creación de una zona de seguridad de 30 km hasta río Litani y ataques aéreos a objetivos considerados vinculados a Hezbollah, generando graves daños materiales y víctimas civiles. El conflicto derivó en una grave crisis humanitaria de un millón de desplazados internos – según la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) – colapsando los endebles servicios públicos libaneses. Los muertos entre la población civil ascienden a más de 2.000.
La “resurrección” de Hezbollah. Nuevas tácticas
La organización chiita libanesa, a pesar de la enorme presión que estaba sujeta, agregándose la caída del régimen de al Assad, dificultando el apoyo material enviado desde Irán, demostró tener un elevado nivel de adaptación y resiliencia, reflejado en la fuertes resistencia que opone a las operaciones militares israelíes. La reconstrucción se centró en restablecer capacidades militares básicas, estructuras de mando y apoyo, además de la infraestructura, con el objetivo de acercarse a las capacidades de 2023. Una meta ambiciosa, lograda solo en parte. Hacia diciembre de 2025, los mandos operativos informaron a la conducción nacional de Hezbollah que el proceso de recuperación se había completado. La limitación que fue observada, era en materia de defensa antiaérea, de difícil reposición por el aislamiento de la organización y la dificultad de recibir asistencia directa de Irán.
El ataque de los “beepers” llevó a una profunda reorganización del sistema de comunicaciones, siendo reemplazado por mensajeros humanos, notas manuscritas y canales compartimentados entre los elementos de mando y las unidades sobre el terreno.
La “ausencia” de las milicias de Hezbollah en la frontera, no resultó ser tal. Sus tácticas han cambiado, operando en subunidades descentralizadas y adoptando una defensa móvil. Los nuevos mandos militares del grupo libanés, con edades promedio entre 30 y 40 años, con una amplia experiencia operativa, son los responsables de las innovaciones en materia de combate. El nuevo liderazgo político de la organización chiita, reemplazó la cadena de mando, que opera con un alto nivel de descentralización, recordando la estrategia “mosaico” iraní y la experiencia del antiguo jefe militar de Hezbollah, Imad Mughniyeh, durante el conflicto con Israel en 2006. La experiencia de guerra en Siria, había convertido a la rama de la organización libanesa, en una fuerza “cuasi convencional”, destacándose una estructura con un mando altamente centralizado. La dura experiencia de 2024 frente a Israel, significó la revisión de la doctrina militar, volviendo al “espíritu Mughniyeh” con unidades más pequeñas y autosuficientes, clave en la victoria militar de 2006. Las limitaciones en materia de comando y control, donde la transmisión de órdenes se hace más lenta, pero facilita la resistencia. Estamos ante un modelo que permite no solo cierto nivel de operaciones militares, sino resistir por mayores períodos de tiempo.
Los combatientes de Hezbollah se organizaron en células más pequeñas y hasta cuadros individuales para la reconstrucción de bases en el sur del Líbano. Actuaron con la máxima discreción, con fuerte apoyo local (argumento para ordenar la evacuación de la población civil por parte de Israel), organizaron nuevos emplazamientos para el lanzamiento de proyectiles. Hábilmente se infiltraron en el sur, actuando con suma eficacia en ello. En lo referente al reequipamiento, durante el período caótico desde la caída de Al Assad y la consolidación del nuevo régimen en Damasco, elementos de Hezbollah accedieron a depósitos y bases sin seguridad para apoderarse de equipo militar. Tal vez facilitado en parte por elementos sirios. La buena organización logística del grupo, permitió reponer pérdidas en materia de drones y cohetes, vía Irán (dejando reflejado la existencia de canales de contrabando alternativos) como también de producción local.
Las nuevas tácticas del grupo, al parecer, están funcionando, donde las unidades de Hezbollah operan con un elevado nivel de descentralización, destacándose que los ataques se llevan a cabo a distancia. La defensa de posiciones fijas ha sido reemplazada por acciones de emboscada y ataques sostenidos. Las mejoras en combate antitanque, permite generar daños a los blindados como a sus tripulaciones. Las acciones militares del grupo libanés se han centrado en las fuerzas acorazadas y de ingenieros. Se estima un promedio de 60 a 80 ataques diarios centrados contra las unidades blindadas. En lugar de dispersar su potencia de fuego, las fuerzas de Hezbollah la están concentrando en el punto de contacto, interrumpiendo el movimiento, forzando redespliegues e impidiendo que las unidades israelíes consoliden sus posiciones.
La resistencia de las fuerzas de la organización libanesa fue muy superior a la esperada, en esta nueva guerra del Líbano. En el mes de marzo de 2026, pudo constatarse que el esperado rápido avance israelí, no ha sido tal, sino más bien ha sido lento y desigual, a veces unos pocos kilómetros de la frontera común entre Líbano e Israel. El tipo de combate que ofrecen los libaneses, obligó al mando militar israelí a incrementar el número de efectivos sobre el terreno. Se estima que fueron movilizadas tres divisiones, agregándose a fines de marzo una división blindada.
Las operaciones aéreas no lograron eliminar el riesgo de los ataques con drones, cohetes y diversos proyectiles a territorio israelí. La capacidad extraordinaria de recopilación de inteligencia israelí, no está dando los resultados esperados. Están frente a un enemigo escurridizo, organizado en pequeñas unidades muy motivadas, dispersas y con un buen planeamiento, además con mandos dotados de experiencia militar. Algo que sorprendió a observadores externos, la coordinación de ataques de drones y cohetes con las ofensivas con sistemas balísticos iraníes. Aunque no es la regla en todas las operaciones, pone en evidencia la enorme capacidad de adaptación de Hezbollah.
Es posible junto a elementos de la citada organización, operen otros grupos armados, aunque esto no ha trascendido públicamente. La milicia sunita al – Fayr – del movimiento Yama´a Islamiyya” en los últimos años se mostró especialmente beligerante frente a Israel. Las acciones de represalia de dicho país, en más de una ocasión, generaron un acercamiento entre dicha organización suní y Hezbollah. También han participado en la “resistencia” en otras crisis – y posiblemente también en el actual conflicto – milicianos de Amal (movimiento chiita, cuyo papel fue opacado por el ascenso de Hezbollah), el Partido Patriótico Social Sirio, la “resistencia palestina” (dado que en Líbano hay numerosos campos de refugiados) y los denominados Escuadrones Libaneses para la Resistencia a la Ocupación Israelí, donde participan diversos grupos armados de las distintas confesiones religiosas del país de los cedros. Esta organización había permanecido en un segundo plano por mucho tiempo, hasta que en 2024 lanzaron una serie de acciones armadas contra objetivos israelíes.
La táctica israelí ha sido destruir infraestructuras civiles – siguiendo el modelo Gaza, como señaló el titular de Defensa israelí, Israel Katz – con la finalidad de evitar que fueran empleadas por Hezbollah y grupos armados afines, afectando su movilidad, enmascaramiento y logística. Ello no impidió que las tropas israelíes tuvieran que enfrentar emboscadas, generando en más de un caso serios contratiempos como la pérdida de blindados. Los informes desde Israel hablan de avances de siete u ocho kilómetros en zonas como Taybeh, donde fuentes independientes señalaron un elevado nivel de destrucción de viviendas y otras instalaciones civiles, en atención que dicha localidad libanesa tiene valor militar para Hezbollah, por su ubicación a 2.4 kilómetros de la frontera con Israel, dado que domina una serie de alturas, permite ejercer vigilancia sobre los movimientos israelíes.
En las localidades de Houla, Kfar Shuba, Yaroun y Khiam, se limitaron a incursiones superficiales de entre uno y seis kilómetros por parte de las Fuerzas de Defensa de Israel. La política de destruir viviendas y otras edificaciones civiles, siendo objeto de condenas internacionales, al parecer no tuvieron el efecto deseado. En la ciudad costera de Naqoura, tropas israelíes llevaron a cabo la política de demoliciones, incluyendo la sede de las UNIFIL/FINUL.
La escala de las destrucciones, más que generar tensiones entre los distintos grupos religiosos libaneses, promovió una profunda animadversión por parte de la población a las operaciones militares israelíes, especialmente los habitantes del sur libanés, en mayor parte chiitas, lo que facilitará sin ninguna duda el reclutamiento de adeptos por parte de Hezbollah. Esto se vincula con la estrategia de largo plazo que tiene dicho grupo, como otros elementos del “Eje de la Resistencia” liderado por Irán. La rama militar ha instruido a sus elementos para una campaña prolongada, donde la resiliencia es un factor clave. La preparación para el combate consiste en actuar en escenarios de guerra irregular en zonas urbanas y rurales, combate asimétrico y rápido despliegue. El uso de drones y proyectiles (cohetes y misiles) tienen un papel relevante en las operaciones militares de Hezbollah. Las tácticas del grupo le permiten golpear a distancia al enemigo por medio de fuego indirecto, llevando a cabo en la medida de las posibilidades, ataques de saturación que permita eludir las respuestas del sistema de defensa israelí “Cúpula de Hierro”. También operan como maniobra de retardo, al ralentizar el avance de las fuerzas israelíes, además de la acción psicológica. La capacidad de seguir lanzando proyectiles de diverso tipo, es un mensaje político, para demostrar que la resistencia continúa.
Las tropas de Hezbollah libran un combate preferentemente a distancia. Sus mandos saben que no podrán detener la ofensiva israelí, por ende, la opción es demorar su avance y llevar a cabo una guerra de desgaste, sin librar combates para controlar o retener terreno, sino más bien de manera flexible, efectuar golpes de mano, actos de sabotaje y acciones propia de la guerrilla. Es posible que puedan recibir algún tipo de asistencia de grupos ligados al “Eje de la Resistencia”. Las fuerzas israelíes con sus tácticas de “tierra quemada” y el establecimiento de una serie de puestos de vigilancia, buscan crear una zona de amortiguación, posiblemente para establecer bases operativas para actuar sobre elementos de Hezbollah e impedir su posible infiltración como en el pasado en zonas fronterizas israelíes.
Bint Jbeil, bastión del Hezbollah, está sujeta a una enorme presión israelí, con importantes destrucciones de infraestructura civil, incendios en campos cercanos por las operaciones militares. Las dificultades para tomar dicho objetivo por parte de las fuerzas israelíes, fueron adoptadas tácticas similares en Gaza. La demolición de edificios tiene como objetivo, reducir las posibilidades que puedan ser empleados como posiciones defensivas de los milicianos libaneses. La captura de este objetivo, tanto valor político como militar, siendo un nudo de comunicaciones hacia localidades vecinas. Esto limitaría la movilidad de Hezbollah y se vincula con conectar los avances este y oeste de las fuerzas israelíes, con el objetivo de avanzar hasta el río Litani.
Las fuerzas israelíes, están empleando camiones no tripulados cargados de explosivos, para atraer a combatientes del citado grupo chiita. Táctica empleada en Gaza, para evitar contacto directo y minimizar bajas propias. Los combates son intensos y el alto mando israelí ha hecho un uso intensivo del fuego de artillería como de los ataques aéreos. En la cercana localidad de Khiam, la resistencia libanesa generó contratiempos en la captura de dicha localidad. Vale la pena recordar que Israel está en negociaciones con Líbano y precisa estar en una posición de mayor fortaleza, buscando ocupar efectivamente el país hasta el río Litani. A pesar del cese del fuego, la ciudad de Bint Jbeil – completamente deshabitada – está rodeada por la 98 división israelí. Al parecer ha sido tomados un hospital, el estadio y la sede del gobierno municipal. La política de destrucción de aldeas continúa y hay dudas cuando los refugiados podrán volver a sus hogares. Los estrategas israelíes quieren imponer la máxima presión, en un intento que el gobierno libanés sea abiertamente hostil a Hezbollah. La falta de información objetiva, impide conocer el cuadro de situación en el teatro de operaciones. En los primeros días de abril, se estimaba que las Fuerzas de Defensa de Israel controlaban unos 200 km2. Esto es objeto de debate entre los políticos israelíes, donde plantean como objetivo “realista” una zona de seguridad de 3 km.
La estricta censura militar israelí, limita conocer la realidad en el terreno, el nivel de bajas y daños padecidos. En el caso de Hezbollah, estamos ante narrativas y propaganda, por ende, no es una fuente fiable, pero ha logrado sorprender a sus enemigos con sus capacidades renovadas. El canal de televisión catarí Al-Araby Al-Jadeed, tomando como fuente a los israelíes, informó que el grupo libanés podría mantener un ritmo de 200 cohetes y drones durante unos cinco meses. Estimaciones israelíes, en 2024 consideraban que la organización contaba en sus arsenales más de cien mil proyectiles y misiles de diverso tipo. Los bombardeo y operaciones militares israelíes, destruyeron según fuentes hebreas, el 70 % de la capacidad. Todavía hay más de 40.000 proyectiles, cohetes y misiles, suficientes para meses de combate. Incluso conserva misiles del tipo Fatteh -110 con más de 200 km de alcance, como quedó reflejado el ataque a la ciudad israelí de Ascalón el 18 de marzo. El 26 de marzo, según The Jerusalem Post, fueron lanzando 600 proyectiles contra objetivos israelíes en 24 horas, siendo el de mayor magnitud por parte de Hezbollah.
En cuanto al potencial humano de la rama militar de la organización, se estima en una fuerza permanente de 35.000 efectivos (equivalentes a una gran unidad de batalla de un ejército convencional), incluyendo la fuerza de elite “Radwan” y posiblemente unos 50.000 reservistas.
La primera victoria del grupo, recuperar su “papel” como símbolo de la resistencia libanesa, lavando su cara frente a la opinión pública internacional, dejando de lado sus conexiones con el terrorismo, lavado de activos y otras actividades ligadas al crimen transnacional. Las imágenes de las poblaciones libanesas destruidas, los ataques al bastión de Hezbollah en Beirut – Dahiye – la crisis humanitaria derivada de la guerra, en el marco de la “guerra de narrativas”, Israel no sale bien parado. El costo de las operaciones, estimadas en más de US$ 300 millones diarios, es un lastre para la economía israelí. Desde lo político, las poblaciones del norte de Israel muestran signos de cansancio por años de guerra e incursiones fronterizas. Situación percibida por el grupo libanés, por lo tanto, a nuestro modesto entender, buscará prolongar el conflicto, a los fines que sea políticamente insostenible para Israel.
La “maldición” libanesa.
El Líbano, su ambiente operacional, se caracteriza por sus excelentes condiciones para la defensa. Los israelíes en las primeras operaciones militares contra la Organización de Liberación de Palestina (OLP) tuvo que lidiar con las dificultades para el despliegue de tropas, de equipo pesado y de medios de asalto. Hay severas limitaciones para la movilidad de blindados y elementos mecanizados. Las fuerzas militares debían estar preparadas para pasar rápidamente de un terreno llano u ondulado a uno montañoso y de un sector deshabitado a otro con localidades y fuerte densidad poblacional.
En 1982, el objetivo militar israelí era destruir la infraestructura y las fuerzas de la OLP en el sur del Líbano, con la finalidad de hacer desaparecer la amenaza sobre el norte de Israel. Fue una victoria con sabor amargo, la OLP abandonaría Líbano, dejando un espacio que dio origen a Hezbollah. La falta de una salida política, creó las condiciones para la creación de un “estado dentro de otro estado”. Los años de permanencia en dicho país, para Israel fue una pesada carga militar y particularmente política. Sectores pacifistas israelíes – Movimiento Paz Ahora – tuvieron un papel relevante, que llevó al Parlamento a votar el repliegue de las fuerzas militares israelíes junto con sus aliados libaneses del Ejército Líbano Sur, dando cumplimiento a la resolución 242 de 1978 de Naciones Unidas que ordenaba el retiro de Israel del sur del Líbano, particularmente la zona de seguridad de 1.000 km2. La citada franja tampoco impidió los ataques armados y actos terroristas por parte de Hezbollah.
En 2026 pareciera que la historia vuelve a repetirse. Israel amenaza con ocupar parte del Líbano, sino se desarma a Hezbollah. El endeble estado libanés está incapacitado para ello, por varios motivos. Las fuerzas armadas libanesas, gran parte de la tropa, son chiitas, por ende, genera dudas sobre su compromiso o voluntad para desarmar a Hezbollah. El grupo tiene una fuerte inserción social, política y económica en la vida libanesa, agregándose la larga sombra de Teherán. Gran parte de los chiitas libaneses adhieren a la doctrina de la guía del docto y ven en el liderazgo supremo iraní como un referente religioso. Por ende, la solución es extremadamente compleja.
En el plano militar, la idea de “paz por medio de la fuerza” ha dado magros resultados. En 1982, las fuerzas israelíes llegaron a las puertas de Beirut en una campaña relámpago de una semana, pero los desaciertos políticos impidieron capitalizar la victoria militar de aquel momento. En 2026, luego de semanas de combates, el avance varía entre los 8 a 10 km. Se observa que no hay una estrategia de salida por parte de Israel. Desde sectores militares israelíes, señalan para desarmar a Hezbollah, es necesario ocupar todo el Líbano y una campaña que podría durar varios años. Posiblemente, la situación en el terreno, llevó al gobierno israelí aceptar un endeble alto el fuego. Dentro del gabinete israelí hay diferentes posturas, que van desde el ministro de Defensa, Israel Katz que sostiene la necesidad de crear una zona de seguridad y la del titular de Finanzas, Simotrich que habla lisa y llanamente de anexionar el sur libanés. Netanyahu posiblemente esté jugando la carta de crear una suerte de estado satélite, explotar las diferencias políticas y religiosas libanesas y marginar a Beirut de la tradicional influencia francesa. Una receta similar fue aplicada en el pasado en un intento de influir en la política libanesa y Jerusalén tuvo que replegar sus fuerzas de Líbano. No hay orden sin consensos mínimos.
Israel lidia con Hezbollah hace cuatro décadas y no logró eliminar su presencia en el Líbano. El conflicto no solo vincula con la amenaza de dicha organización, sino también por cuestiones vinculadas al agua, donde se inserta el valor del Golán por el control que tiene sobre el Jordán. Las Granjas del Shebaa, vieja disputa entre Israel, Líbano y Siria, está conectado con la seguridad hídrica israelí. Ocupado en 1967. Por su ubicación está cerca del área de operaciones de Hezbollah. Entre los años 2000 a 2005, fue objeto de una treintena de ataques por parte de dicho grupo, como en 2024, donde un conductor de camión israelí murió a raíz de las minas colocadas con por el citado grupo. A todo ello cabe agregar la cuestión energética está presente en la guerra. Según el medio israelí The Jersualem Post, el proyecto de crear una zona de amortiguación, no solo abarcaría espacios aéreos y terrestres, sino también marítimos, donde quedarían bajo control de Israel los yacimientos de gas de Qana, además está la cuestión de seguridad, donde las potenciales explotaciones de gas en la costa israelí, podrían verse amenazados por los drones y misiles de Hezbollah. El acuerdo con Líbano de 2022 sobre espacios marítimos quedó en saco roto. La inestabilidad genera serias dudas sobre la factibilidad de una campaña de exploración y eventual explotación de los campos de gas con fines comerciales.
Líbano exige la retirada israelí y el despliegue de sus fuerzas armadas en el sur, con la finalidad de desarmar al grupo chiita. Israel demanda, primero el desarme de Hezbollah como paso previo a su retirada. Las fuerzas libanesas son una cáscara vacía por ende es inaplicable, sino hay asistencia internacional, con un mandato robusto y un amplio acuerdo político, para construir un estado libanés viable. A este panorama cabe las divisiones entre los políticos libaneses sobre Hezbollah, que muchos lo ven como una herramienta disuasiva frente a Israel. En síntesis, estamos ante un problema político, más que militar, algo que al parecer los estrategas israelíes no quieren ver o aceptar, corriendo el riesgo de repetir los errores del pasado, donde Hezbollah pueda verse directamente beneficiado políticamente y en cierto punto, también su patrocinados: Irán.
Suscríbete a nuestro Newsletter
Recibe gratis las noticias clave del día en tu correo











