Desde la ciudad israelí de Harish, Ariel Markovits relata cómo es vivir con alarmas, refugios y miedo infantil en medio de la escalada bélica. En entrevista con El Minuto, aborda el 7 de octubre, el rol de Irán, la percepción internacional y la resiliencia cotidiana de miles de familias israelíes.
Vivimos corriendo al refugio con nuestras hijas: la guerra vista desde una familia israelí

ENTREVISTA EXCLUSIVA | CONFLICTO EN MEDIO ORIENTE
Entrevistado: Ariel Markovits, ingeniero israelí, residente en Harish
Entrevista: Oed Marcelo Bustamante | THE REPORTER
Contexto — Vivir la guerra lejos de los titulares
En medio de una de las escaladas más tensas y peligrosas en Medio Oriente, marcada por ataques coordinados desde Gaza e Irán contra territorio israelí, conversamos con Ariel Markovits, ingeniero israelí, esposo y padre de dos hijas pequeñas.
Desde el interior de un país bajo amenaza permanente, su testimonio ofrece una mirada cruda, directa y profundamente humana: la guerra vivida desde los refugios, las alarmas, el miedo infantil y la incertidumbre diaria. A través de esta conversación, Markovits aborda también el trauma del 7 de octubre, el rol de Irán, la percepción internacional del conflicto y la resiliencia cotidiana de miles de familias israelíes.
“Es una ruleta brutal”: la vida bajo las alarmas
PREGUNTA: Ariel, ¿cómo estás viviendo estos días en Israel tras los recientes ataques coordinados desde Gaza e Irán?
RESPUESTA:
“Estos días han sido profundamente angustiantes. Vivir una guerra desde adentro cambia todo: tres o cuatro veces al día suenan las alarmas, corremos al refugio dentro del departamento, abrazamos a nuestras hijas y rezamos. No sabes si el próximo misil va a caer cerca o será interceptado. Es una ruleta brutal.
Ver a tus hijas de 7 y 10 años vivir ese nivel de miedo es una de las experiencias más duras que he vivido como padre. Sentir que su vida puede estar en riesgo solo por ser israelíes te rompe por dentro. Y aun así, seguimos adelante. No hay otra opción.”
Harish bajo alerta constante
PREGUNTA: ¿Dónde se encontraban tú y tu familia cuando comenzaron los últimos ataques? ¿Cómo afectaron directamente su entorno?
RESPUESTA:
“Vivimos en Harish. La primera alarma fue el 11 de junio, a las 3 de la mañana, cuando se anunció que Israel había atacado el programa nuclear iraní. Nuestra ciudad no es un blanco directo, pero muchos misiles pasaron sobre nosotros. ¿Y si uno cae? ¿Y si falla la defensa? Esa pregunta flota siempre.
Israel atacó objetivos militares. Irán respondió apuntando a hospitales y civiles. Esa es la diferencia. Una diferencia que muchos afuera, tristemente, no quieren ver.”
El 7 de octubre, una herida abierta
PREGUNTA: Se ha confirmado que varios israelíes fueron asesinados y otros secuestrados. ¿Cómo impacta esto emocionalmente en la sociedad israelí?
RESPUESTA:
“El 7 de octubre sigue siendo una herida abierta. Mil doscientas personas fueron asesinadas con una crueldad indescriptible: bebés decapitados, mujeres violadas y luego quemadas vivas. Aún hay 50 secuestrados en Gaza.
Eso no lo hizo un Estado, lo hizo una organización que muchos en el extranjero llaman ‘resistencia’. Es una bofetada a la verdad. Israel está herido, pero también más decidido que nunca. No podemos permitir que esto se repita.”
Irán como eje del terrorismo regional
PREGUNTA: Desde tu perspectiva, ¿qué rol juega Irán en esta escalada de violencia?
RESPUESTA:
“Irán no es solo una amenaza indirecta, es el corazón del terrorismo en la región. Financia, entrena y arma a Hamas, Hezbolá y los hutíes. Todos son extensiones de su odio.
En junio vimos más de 600 misiles y 1.000 drones lanzados contra civiles israelíes. Fue la prueba más clara de que Irán ya no se esconde. Vino por nosotros abiertamente. Y eso cambia todo.”
El miedo cotidiano y la resiliencia civil
PREGUNTA: ¿Cómo vive el ciudadano común israelí estos ataques tan impredecibles?
RESPUESTA:
“Con alerta permanente y una fe profunda en que vamos a salir adelante. Aquí todos hicieron el servicio militar, hay redes de defensa civil muy fuertes. Pero eso no elimina el dolor.
¿Cómo le explicas a tu hija que alguien puede aparecer con un cuchillo para matar a cualquier civil? Esa es la amenaza diaria. Y aun así seguimos criando hijos, trabajando y viviendo. Porque si dejamos de hacerlo, ganan ellos.”
Gobierno, FDI y autodefensa ciudadana
PREGUNTA: ¿Confías en la respuesta del gobierno y las Fuerzas de Defensa de Israel?
RESPUESTA:
“El 7 de octubre fue un fracaso monumental. Pero Israel aprendió. Hoy las FDI están destruyendo capacidades enemigas. Hamas ya no actúa como antes y Hezbolá no es lo que era.
Aun así, la defensa no es solo del gobierno. Cada ciudadano defiende a su familia y su barrio. Esa determinación colectiva es lo que sostiene a Israel.”
La percepción internacional del conflicto
PREGUNTA: ¿Crees que el mundo entiende realmente lo que ocurre en Israel?
RESPUESTA:
“No. Algunos por ignorancia, otros por ideología. Es fácil repetir consignas sin saber lo que pasa aquí. Cuando Hamas decapitó bebés, hubo silencio. Cuando Israel se defiende, hablan de genocidio.
Los medios manipulan, las universidades adoctrinan. Pero eso también nos fortalece: sabemos quiénes somos y a qué nos enfrentamos.”
Rutina, trabajo y adaptación
PREGUNTA: ¿Cómo es hoy tu vida diaria?
RESPUESTA:
“Trabajo desde casa en una empresa de ingeniería. Tratamos de mantener una rutina. Salimos poco. Cuando hay pausas, llevamos a las niñas a caminar.
Vivimos con un ojo en la ventana y otro en el celular, esperando la próxima alarma. Pero la vida sigue. No podemos paralizarnos.”
Un mensaje al mundo
PREGUNTA: ¿Qué le dirías a quienes justifican o minimizan los ataques contra Israel?
RESPUESTA:
“Que su miseria moral quedará expuesta. Justificar terrorismo y asesinatos no es activismo, es complicidad.
El pueblo judío lleva milenios sobreviviendo a quienes quieren exterminarlo. Defendemos la vida. Otros celebran la muerte. Esa diferencia, tarde o temprano, se impone.”
¿Hay esperanza de paz?
PREGUNTA: ¿Sigues teniendo esperanza en un futuro de paz?
RESPUESTA:
“Sí, pero no ingenua. Mientras Irán sea una teocracia fundamentalista, la paz será difícil. Si ese régimen cae, todo puede cambiar.
Israel quiere la paz, pero hasta que llegue, debemos defendernos, resistir y sobrevivir. No luchamos solo por un país. Luchamos por la vida misma.”
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