La mini invasión de Ceuta. Escenario de conflicto de zona gris entre España y Marruecos

La entrada de decenas de miles de personas desde Marruecos desbordó Ceuta, dejó numerosas víctimas y reabrió el debate sobre la utilización de la migración como herramienta de presión geopolítica.

La mini invasión de Ceuta. Escenario de conflicto de zona gris entre España y Marruecos

Crisis de Ceuta: migración, presión geopolítica y estrategia de zona gris de Marruecos

La entrada masiva de decenas de miles de migrantes desde Marruecos desbordó Ceuta, provocó numerosas muertes y reabrió el debate sobre la utilización de los movimientos migratorios como instrumento de presión contra España.

Por el Dr. Jorge Alejandro Suárez Saponaro | Especial para The Reporter desde Buenos Aires

El 31 de julio, la crisis migratoria de Ceuta se convirtió en noticia mundial. Durante la fase inicial de la emergencia, cerca de 50.000 personas procedentes de Marruecos ingresaron irregularmente en la ciudad autónoma española por tierra y mar.

Entre ellas había mujeres y menores de edad, aunque una proporción importante estaba compuesta por hombres jóvenes. Muchas personas intentaron alcanzar territorio español a nado, una travesía que provocó decenas de muertes.

Los primeros balances informaron al menos 57 fallecidos. En los días posteriores, las autoridades españolas elevaron la cifra a 88 muertes relacionadas con los intentos de entrada, mientras Marruecos reconoció otros 11 fallecimientos en su territorio. Las cifras han variado debido a la falta de un registro conjunto y definitivo.

Las causas de la crisis son múltiples, pero entre ellas destaca la compleja relación diplomática entre España y Marruecos, marcada por la migración, el Sahara Occidental, la seguridad fronteriza y las históricas reivindicaciones marroquíes sobre Ceuta y Melilla.

Una “marea humana” desbordó Ceuta

En pocas horas, una verdadera “marea humana” ocupó las calles, las playas y las inmediaciones del vallado fronterizo de Ceuta.

Buena parte de los aproximadamente 85.000 habitantes de la ciudad permaneció en sus viviendas, mientras las autoridades locales solicitaban urgentemente asistencia al Gobierno central.

Madrid respondió con el despliegue de efectivos de la Policía Nacional, la Guardia Civil y las Fuerzas Armadas, junto con el refuerzo de los servicios sanitarios y de atención humanitaria.

Durante las primeras horas posteriores al ingreso masivo, más de 48.000 personas retornaron a Marruecos, de manera voluntaria o mediante los procedimientos habilitados por las autoridades. Sin embargo, el movimiento continuó durante los días siguientes y los balances acumulados terminaron superando ampliamente las estimaciones iniciales.

La crisis tuvo repercusiones internacionales. El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, calificó lo ocurrido como una vulneración de la integridad territorial de España y responsabilizó principalmente a las organizaciones criminales dedicadas al tráfico de personas.

El mandatario también anunció el fortalecimiento de las medidas de seguridad fronteriza y de la cooperación con Marruecos. Desde La Moncloa se destacó posteriormente la colaboración de Rabat para facilitar el retorno de quienes no cumplieran los requisitos para permanecer en territorio español.

La reacción de Europa

Desde Italia, el Gobierno de Giorgia Meloni cuestionó la política migratoria española y restableció temporalmente controles sobre viajeros procedentes de España.

Jurídicamente, esta medida no significó la suspensión de España del espacio Schengen, sino la aplicación excepcional de controles interiores permitidos por la normativa europea cuando un Estado considera que existe una amenaza para el orden público o la seguridad.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, calificó las imágenes procedentes de Ceuta como inaceptables y pidió reforzar la protección de las fronteras exteriores de la Unión Europea.

También se registraron críticas provenientes de distintos gobiernos y sectores políticos europeos. En Estados Unidos, el presidente Donald Trump utilizó la crisis como advertencia sobre las consecuencias que, según su postura, podrían generar determinadas políticas migratorias.

En España, la oposición aprovechó la situación para cuestionar la actuación del Gobierno. El partido Vox empleó el episodio para fortalecer su discurso contra la inmigración irregular y exigir medidas más severas en las fronteras.

Un grupo de dirigentes europeos advirtió:

“No podemos permitir cruces masivos incontrolados, la instrumentalización de la migración u otras amenazas híbridas”.

Los ministros del Interior de la Unión Europea se reunieron para analizar una respuesta coordinada, reforzar el dispositivo fronterizo y evaluar una mayor intervención de Frontex, la Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas.

La explicación entregada por Marruecos

Marruecos construyó rápidamente una narrativa destinada a descartar cualquier responsabilidad estatal.

Rabat sostuvo que la crisis fue consecuencia de las redes de tráfico de personas, la desinformación difundida en redes sociales y una interpretación equivocada de una resolución del Tribunal Supremo español relacionada con las denominadas devoluciones en caliente.

Según el Ministerio del Interior marroquí, organizaciones criminales habrían difundido la idea de que quienes lograran ingresar en Ceuta no podrían ser devueltos inmediatamente. Esto habría incentivado a miles de personas a desplazarse hasta la frontera.

Sin embargo, cabe formular una pregunta inevitable: ¿cómo pudo una movilización de decenas de miles de personas pasar inadvertida para los servicios de inteligencia y seguridad de Marruecos?

La explicación oficial parece insuficiente frente a la magnitud, velocidad y aparente coordinación de los desplazamientos. Esto no demuestra por sí solo que el Gobierno marroquí organizara la operación, pero sí justifica una investigación independiente sobre las fallas de control y la eventual responsabilidad de agentes estatales.

La contradicción del discurso oficial marroquí

La llegada de miles de marroquíes, junto con personas procedentes de otros países africanos, coincidió con el discurso optimista del rey Mohamed VI con motivo del vigesimoséptimo aniversario de su llegada al trono.

En esa intervención, el monarca destacó los avances económicos y la estabilidad política de Marruecos. Sin embargo, la imagen de miles de ciudadanos intentando atravesar la frontera con Ceuta evidenció una realidad social mucho más compleja.

Numerosos medios cuestionaron dónde se encontraban los gendarmes y policías marroquíes que habitualmente mantienen una estricta vigilancia en la zona.

La situación recordó lo ocurrido en mayo de 2021, cuando Marruecos relajó los controles y permitió que cerca de 8.000 migrantes ingresaran en Ceuta.

Aquella crisis coincidió con la llegada a España de Brahim Ghali, dirigente del Frente Polisario, quien recibió tratamiento médico en territorio español. Rabat interpretó esa decisión como una afrenta y utilizó el control migratorio como mecanismo de presión diplomática.

La estrategia produjo resultados. Posteriormente, el Gobierno español modificó su postura y consideró la propuesta marroquí de autonomía para el Sahara Occidental como una base seria y viable para resolver el conflicto.

Como señala Carlos G. García:

“Que estas llegadas puedan servir a Rabat como instrumento de presión no contradice ese fracaso. Una operación puede resultar eficaz para los intereses inmediatos del régimen y, al mismo tiempo, mostrar la falta de futuro que empuja a sus propios jóvenes a huir”.

Una realidad social difícil de esconder

Más allá de la propaganda oficial, Marruecos continúa enfrentando graves problemas socioeconómicos. Las oportunidades para los jóvenes son limitadas y miles de personas consideran la emigración como una de las pocas vías para mejorar sus condiciones de vida.

La mayoría de quienes ingresaron en Ceuta eran hombres de entre 25 y 35 años, es decir, personas en plena edad laboral.

Este fenómeno evidencia que la economía marroquí, pese a sus avances industriales y de infraestructura, todavía no consigue generar oportunidades suficientes para buena parte de su población.

Rabat puede aprovechar esta situación para promover sus intereses geopolíticos, enviar mensajes a los dirigentes españoles y presionar ante decisiones consideradas contrarias a sus objetivos.

Al mismo tiempo, el régimen puede utilizar la reivindicación sobre Ceuta y Melilla para movilizar a la opinión pública interna y desviar la atención de las demandas por mayores oportunidades económicas, libertades políticas y derechos sociales.

Sospechas sobre agentes de inteligencia marroquíes

Diversos medios internacionales, citando fuentes vinculadas con la Guardia Civil, informaron de la supuesta presencia de agentes de inteligencia marroquíes entre las personas que ingresaron en Ceuta.

De acuerdo con esas publicaciones, la detección habría sido posible mediante la red de cámaras instalada en el perímetro fronterizo. Las imágenes habrían permitido identificar a personas presuntamente vinculadas con los servicios marroquíes.

También se difundieron videos en los que miembros de la Gendarmería Real aparentemente no intervenían para impedir el desplazamiento de los migrantes.

El diario mexicano La Jornada informó que las autoridades españolas analizaban registros gráficos en los que supuestamente podía observarse a agentes marroquíes orientando a algunos grupos hacia las vías de acceso a Ceuta.

Según El Español, los sistemas de videovigilancia habrían permitido detectar entre los migrantes a personas supuestamente pertenecientes al aparato de inteligencia marroquí.

No obstante, estas informaciones no han sido confirmadas oficialmente mediante una investigación pública concluyente. Por ello, deben presentarse como antecedentes atribuidos a fuentes policiales y publicaciones periodísticas, no como hechos definitivamente acreditados.

La estrategia de zona gris sobre Ceuta y Melilla

Las estrategias de zona gris son aquellas que no alcanzan el nivel de una agresión militar abierta, pero buscan obtener ventajas políticas, territoriales o estratégicas mediante presión indirecta.

Pueden incluir operaciones de desinformación, coerción económica, ciberataques, utilización de actores intermediarios o instrumentalización de movimientos migratorios.

El objetivo consiste en imponer hechos consumados sin provocar una respuesta militar directa. Estas operaciones son diseñadas para que el adversario considere que el costo de escalar el conflicto será superior al valor inmediato del objetivo disputado.

Como señala Guillermo Pulido en su obra Guerra multidominio y mosaico. El nuevo pensamiento militar estadounidense, en la literatura estratégica estos límites pueden analizarse mediante los denominados puntos de Schelling.

En términos simples, la zona gris representa una estrategia de disuasión y coerción que evita el uso abierto de la violencia, aunque transmite la capacidad y disposición de emplearla si fuera necesario.

Los conflictos de zona gris suelen presentar cuatro características:

  • Asimetría material y de intereses.
  • Incrementalismo.
  • Agitación política.
  • Ambigüedad sobre la autoría y los objetivos.

Estos elementos pueden observarse en la relación entre España y Marruecos.

Asimetría y manipulación de la escalada

España posee, en términos generales, mayores capacidades económicas y militares que Marruecos. Rabat sabe que un conflicto armado directo tendría consecuencias graves y costos difíciles de asumir.

Por ello, una eventual estrategia marroquí buscaría manipular la escalada y mantener la confrontación dentro de la zona gris.

Existen ejemplos históricos de este tipo de operaciones. Marruecos aplicó una estrategia de presión similar durante la Marcha Verde de 1975, cuando movilizó a miles de civiles hacia el Sahara Occidental para consolidar sus pretensiones territoriales sin iniciar formalmente una guerra contra España.

El incrementalismo implica evitar acciones maximalistas. La idea es avanzar gradualmente sin cruzar una línea roja que obligue al adversario a responder militarmente.

La agitación política, por su parte, busca profundizar las divisiones internas, afectar el proceso de toma de decisiones y colocar al Gobierno rival en una situación de contradicción.

Los dirigentes marroquíes conocen las debilidades de la política española y han demostrado capacidad para explotarlas. Frente a la crisis de Ceuta, Madrid apostó inicialmente por la desescalada y la cooperación diplomática.

Finalmente, la ambigüedad es esencial. Mientras no pueda atribuirse con certeza la responsabilidad a un Estado, resulta mucho más difícil justificar una respuesta contundente.

¿Una prueba de la capacidad de respuesta española?

Si se confirmara la presencia de agentes de inteligencia marroquíes, esta podría interpretarse como una operación destinada a evaluar la capacidad de respuesta de España y observar la reacción internacional ante una crisis en Ceuta.

También podría constituir un mensaje dirigido a la comunidad internacional: Marruecos posee capacidad para influir directamente en la estabilidad de la frontera exterior europea.

Sin embargo, esta hipótesis debe mantenerse en el terreno del análisis hasta que existan pruebas concluyentes.

Madrid enfrenta una relación de dependencia con Rabat en materias como migración, lucha antiterrorista, comercio, inteligencia y seguridad regional. Esa dependencia limita el margen de respuesta español y fortalece la capacidad negociadora marroquí.

La cuestión del Sahara Occidental

La presión sobre Ceuta se encuentra estrechamente relacionada con el Sahara Occidental, donde Marruecos busca consolidar internacionalmente su propuesta de autonomía bajo soberanía marroquí.

Rabat ha fortalecido sus vínculos con Estados Unidos y ha sabido aprovechar la diplomacia transaccional impulsada por Donald Trump.

El Sahara Occidental posee un importante valor estratégico por su posición geográfica, sus reservas de fosfato, sus recursos pesqueros y su potencial en minerales, energía e infraestructura.

Estados Unidos conoce la relevancia del fosfato para la agricultura y la seguridad alimentaria, especialmente en el Sur Global. La competencia con China aumenta el valor de Marruecos y del territorio saharaui dentro de la estrategia estadounidense.

Israel, aliado de Rabat, también mantiene intereses tecnológicos, militares y comerciales en la región. Su acercamiento con Marruecos le permite ampliar su proyección hacia el norte de África y el estrecho de Gibraltar.

Pegasus y las vulnerabilidades españolas

La estrategia marroquí no tiene plazos inmediatos. Su objetivo sería erosionar gradualmente la posición española mediante presión diplomática, económica, migratoria y tecnológica.

La investigación internacional conocida como Pegasus Project reveló que teléfonos asociados a dirigentes y autoridades españolas fueron seleccionados como posibles objetivos del programa de espionaje Pegasus.

Estos antecedentes expusieron vulnerabilidades en materia de contrainteligencia y ciberseguridad. No obstante, la atribución concreta de cada operación debe fundarse en investigaciones oficiales y pruebas técnicas suficientes.

Marruecos explota las contradicciones de la política española, especialmente sus diferencias con Israel por la guerra en Gaza y sus divergencias con Estados Unidos en determinadas materias de seguridad y defensa.

Las declaraciones de Danny Danon

La escalada retórica alcanzó un nuevo nivel cuando el embajador de Israel ante Naciones Unidas, Danny Danon, cuestionó públicamente la soberanía española sobre Ceuta y Melilla.

Danon escribió en la red social X:

“España, que nunca pierde la oportunidad de sermonear a Israel, ha declarado el estado de emergencia en Ceuta tras la crisis surgida por su política migratoria. Quizás, antes de continuar dándonos lecciones, sea hora de que explique al mundo por qué todavía mantiene enclaves coloniales en África”.

La representante israelí en España, Dana Erlich, aclaró posteriormente:

“Seguimos de cerca la situación de Ceuta. El comentario realizado por el embajador de Israel ante la ONU no representa la posición del Estado de Israel”.

El mensaje de Danon no fue inocuo. Aunque Israel se distanció formalmente de sus palabras, la declaración entregó visibilidad internacional a una de las principales reivindicaciones sostenidas por Marruecos.

Estados Unidos y las reivindicaciones marroquíes

A este escenario se suman las diferencias entre Madrid y Washington respecto de las políticas de seguridad dentro de la OTAN y las tensiones comerciales generadas por la agenda arancelaria estadounidense.

Marruecos ha impulsado campañas de lobby para conseguir respaldo a sus posiciones sobre Ceuta, Melilla y el Sahara Occidental.

El congresista estadounidense Mario Díaz-Balart promovió una enmienda en un informe presupuestario del Comité de Asignaciones de la Cámara de Representantes que describía a Ceuta y Melilla como ciudades “administradas por España” situadas en “territorio marroquí”.

La formulación generó preocupación en España porque se aparta de la posición oficial tradicional y podría interpretarse como una aproximación al discurso territorial de Rabat.

España y el mandato de la geopolítica

El Gobierno español mantiene una política exterior condicionada por problemas internos, diferencias ideológicas y una fuerte dependencia de la cooperación marroquí.

La crisis de Ceuta evidenció una delicada vulnerabilidad geopolítica.

Semanas antes del incidente, Madrid había avanzado en la eliminación de la histórica Verja de Gibraltar y en un régimen de mayor fluidez fronteriza con el territorio británico.

Aunque el acuerdo puede producir beneficios económicos y sociales, no resuelve el conflicto de soberanía ni modifica la presencia militar británica.

A juicio del autor, España corre el riesgo de facilitar la consolidación de un nuevo polo de atracción geopolítica en Gibraltar sin obtener beneficios estratégicos equivalentes.

La competencia portuaria en el estrecho

Marruecos, mediante el desarrollo de Tánger Med, ha construido uno de los principales centros logísticos del Mediterráneo.

Durante 2024, el complejo marroquí gestionó aproximadamente 10,24 millones de contenedores de veinte pies —TEU—, más del doble de los 4,7 millones movilizados por el puerto de Algeciras.

El desarrollo de Nador West Med creará otro polo logístico con capacidad para competir con los puertos españoles y fortalecer la proyección económica marroquí.

Esta estrategia también incluye el incremento de los vínculos militares con Estados Unidos e Israel y el interés de Marruecos por desarrollar una industria nacional de defensa.

Ceuta, Melilla, Canarias y la seguridad española

Los desaciertos o vacíos de la estrategia española pueden poner en riesgo la seguridad de Ceuta, Melilla, las plazas de soberanía y las islas Canarias.

Marruecos mantiene intereses en espacios marítimos potencialmente ricos en minerales e hidrocarburos, especialmente en las aguas próximas al archipiélago canario y al Sahara Occidental.

España necesita una política integral que combine diplomacia, defensa, inteligencia, ciberseguridad, desarrollo económico y cooperación europea.

Conclusión geopolítica

La crisis de Ceuta fue, ante todo, una tragedia humanitaria. Decenas de personas murieron intentando alcanzar territorio europeo, mientras miles se expusieron a condiciones extremas.

Pero la magnitud del desplazamiento también plantea preguntas legítimas sobre las capacidades de control de Marruecos y la posibilidad de que los flujos migratorios sean utilizados como una forma de presión política.

Hasta ahora, no existen pruebas concluyentes que permitan afirmar que Rabat organizó directamente la entrada masiva. Sin embargo, los antecedentes de 2021, las contradicciones entre las cifras oficiales y las aparentes fallas de vigilancia justifican una investigación rigurosa.

España debe comprender que la seguridad de Ceuta y Melilla no depende únicamente de vallas, patrullas o despliegues militares. También exige una estrategia de largo plazo en materia de inteligencia, política exterior, ciberseguridad, economía y cooperación europea.

Marruecos posee objetivos claros y ha demostrado capacidad para utilizar distintos instrumentos de poder. España, en cambio, necesita definir con mayor precisión sus intereses estratégicos y actuar antes de que una nueva crisis vuelva a poner en evidencia sus vulnerabilidades.

La migración, la información, la economía y la presión diplomática pueden transformarse en instrumentos de confrontación. En ese escenario, Ceuta y Melilla no son únicamente fronteras territoriales: constituyen uno de los principales espacios de competencia geopolítica entre España y Marruecos.


Referencia bibliográfica

[1] PULIDO, Guillermo: Guerra multidominio y mosaico. El nuevo pensamiento militar estadounidense. Libros de la Catarata, Madrid, 2021, p. 27.

Oed Marcelo Bustamante

Oed Marcelo Bustamante

Oed Marcelo Bustamante es Corresponsal de El Minuto y The Reporter, además de columnista de Diario Penitenciario Chile. Es informático especializado en ciberseguridad. Su trabajo aborda temas de actualidad, justicia, política, seguridad pública, reportajes y sistema penitenciario, integrando el periodismo con la comunicación digital y las nuevas tecnologías.

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