El asesinato sistemático de conductores en Lima y Callao revela una estructura criminal sostenida por extorsión, impunidad y respuesta estatal fragmentada.
Extorsión y muerte en el transporte público de Lima: 70 choferes asesinados y decenas de menores en orfandad

Una violencia sistemática contra el transporte urbano
Cerca de 70 choferes han sido asesinados en atentados dirigidos contra empresas de transporte público en Lima Metropolitana y el Callao entre agosto de 2024 y noviembre de 2025. Se trata de una secuencia criminal sostenida, vinculada principalmente a redes de extorsión que operan sobre el sector y que han consolidado un patrón de ataques armados en corredores urbanos estratégicos.
La violencia no se limita a hechos aislados: dirigentes gremiales y empresarios del transporte coinciden en que las amenazas persisten incluso bajo estados de emergencia decretados por el Ejecutivo. El fenómeno se ha transformado en un componente estructural de la inseguridad en Lima, con impactos directos en la operación del transporte y en la estabilidad social de cientos de familias.
El saldo oficial: atentados, víctimas y perfiles afectados
Entre agosto de 2024 y noviembre de 2025 se registraron 121 atentados contra compañías de transporte urbano, con un saldo de 165 víctimas en Lima Metropolitana y Callao, según estadísticas del Observatorio de Criminalidad del Ministerio Público.
El 66% de los afectados corresponde a choferes: 69 fallecidos y 40 heridos. El resto incluye pasajeros, cobradores y trabajadores vinculados al ecosistema del transporte informal, como jaladores —encargados de captar clientes—, vendedores, mecánicos, acompañantes, gerentes y transeúntes alcanzados durante los ataques.
La principal modalidad de agresión ha sido el uso de armas de fuego, con atentados ejecutados mayoritariamente desde motocicletas, en escenarios de interceptación directa.
Los niños huérfanos: la dimensión menos visible de la crisis
El impacto no se agota en los asesinatos. Al menos 40 niños, niñas y adolescentes han quedado en condición de orfandad como consecuencia de estos atentados, muchos de ellos hermanos, de acuerdo con registros oficiales.
Entre los afectados figuran bebés de apenas meses de vida y adolescentes de hasta 16 años. Más de la mitad de los menores identificados son mujeres. La violencia contra los transportistas ha producido, así, una generación de víctimas indirectas cuya situación permanece en gran medida fuera del debate público.
Subvención estatal y cuestionamientos de los deudos
El Ejecutivo anunció una pensión mensual de S/200 para los hijos de transportistas asesinados por extorsión, administrada por el Programa Integral Nacional para el Bienestar Familiar (Inabif). El monto es depositado cada dos meses hasta que el beneficiario cumpla 18 años, o hasta los 25 si continúa estudios, bajo el marco de la Ley 31405.
Sin embargo, familiares de las víctimas denuncian deficiencias estructurales: demoras en la activación del beneficio, ausencia de acompañamiento psicológico permanente, falta de asesoría legal y escasa articulación institucional.
Uno de los requisitos centrales —que el menor se encuentre en condición de pobreza o pobreza extrema— también ha sido objeto de críticas por limitar el alcance de la medida.
Paul López Estabridis: una vida reducida a estadística
El caso de Paul López Estabridis evidencia la dimensión humana detrás de las cifras. El 27 de octubre de 2024 celebró sus 52 años y expresó su deseo de iniciar los preparativos para el quinceañero de su hija menor.
Seis meses después, dos atacantes a bordo de una motocicleta lo asesinaron en la avenida Canta Callao, en San Martín de Porres. Era conductor de la empresa Aquarius y llevaba más de dos décadas trabajando en el rubro.
“Paul murió y ahí quedó. Se ha vuelto una estadística. No tiene nombre, no tiene familia, no tiene hijos”, declaró a este medio un familiar directo, cuya identidad se mantiene en reserva por seguridad.
Extorsión como mecanismo de control sobre las empresas
Testimonios recogidos por este medio describen un patrón recurrente: las amenazas se dirigen inicialmente a los propietarios de las compañías, quienes —ante la falta de protección estatal— establecen supuestos acuerdos con los extorsionadores.
Cuando esos pactos se quiebran o las exigencias aumentan, los conductores no siempre son informados y regresan a trabajar bajo la falsa percepción de que el riesgo ha disminuido.
Paul López se alejó inicialmente de Aquarius cuando las amenazas se intensificaron. “¿Cómo me voy a arriesgar si tengo a mi familia?”, dijo entonces a un pariente. Sin embargo, volvió tras ser notificado de un presunto acuerdo. Fue asesinado pocos días después, en pleno estado de emergencia.
Subregistro institucional y discrepancias en las cifras
El Inabif identificó a 47 conductores fallecidos vinculados a atentados, pero solo 22 de ellos tenían hijos registrados formalmente. Olga Ramos Huamán, directora de la Unidad de Asistencia Económica y Acompañamiento, no descartó un subregistro de menores huérfanos.
“Sinadef ha entregado un listado de personas fallecidas de manera violenta, pero no específicamente relacionado con transportistas”, explicó, señalando que los gremios han anunciado listados adicionales.
Los reportes fiscales y de organizaciones de transportistas, de hecho, triplican los casos considerados por la institución.Extorsión en cifras: un delito en expansión nacional
El fenómeno ocurre en un contexto de criminalidad creciente. Solo entre enero y octubre pasado se registraron 24.799 denuncias por extorsión, cifra que supera lo reportado en los últimos tres años por el Ministerio Público.
Los homicidios acumulados en 2025 —2.104— alcanzaron su punto más alto desde 2017, según datos del Sistema Nacional de Defunciones (Sinadef), confirmando un escenario de escalada sostenida.
Infancias afectadas: duelo, desplazamiento y secuelas conductuales
Los testimonios de familiares evidencian que la violencia produce efectos prolongados: niños que abandonan actividades escolares y deportivas, cambios abruptos de vivienda, trastornos conductuales, familias extorsionadas incluso después del crimen y procesos de duelo atravesados por el miedo.
La hija adolescente de Paul López faltó varios días al colegio, dejó el vóley y se replegó tras el asesinato. “Todo eso se ha acabado”, relató uno de los deudos.
Casos emblemáticos: Daniel Suárez y Loymer Benigno

Entre los asesinatos más difundidos figura el de Daniel Guillermo Suárez, conductor de 25 años, asesinado mientras manejaba una combi en abril de 2025. Su hija, de apenas dos años, lo vio en televisión sin comprender la muerte.

“Mamá, mi papi”, repetía, según contó su viuda. “¿Cómo le voy a explicar?”
Otro caso es el de Loymer Noé Benigno Poma, asesinado en Los Olivos. Su hija de 16 años marchó hasta el Congreso exigiendo justicia. Loymer trabajaba jornadas de hasta 18 horas para ingresos diarios cercanos a S/100.

Investigaciones archivadas y ausencia de justicia penal
En noviembre de 2025, el Segundo Despacho de la Primera Fiscalía Provincial Penal Corporativa de San Juan de Miraflores dispuso no formalizar la investigación por el homicidio del conductor Gustavo Salazar Yachachin.
El documento sostiene que no fue posible identificar a los autores, integrar testigos, acceder a imágenes de vigilancia ni hallar indicios materiales suficientes.
“Ningún apoyo legal hemos recibido. Solo la Dirincri se comunicó para la declaración”, señaló un familiar.
Nuevas modalidades: buses incendiados y blindaje improvisado
Dirigentes transportistas advierten que las extorsiones continúan y que, además de asesinatos, se han registrado incendios de unidades. Algunas empresas han instalado placas metálicas como mecanismo de protección.
José Quispe, representante de la empresa Santa Catalina, indicó que las familias de víctimas dependen de actividades comunitarias —polladas— para subsistir mientras esperan apoyo estatal efectivo.
Demandas pendientes: cobertura sanitaria y reparación integral
Los gremios solicitan que la respuesta estatal no se limite a una pensión mínima, sino que incluya:
- cobertura total del Seguro Integral de Salud (SIS)
- acceso prioritario a programas como Beca 18
- acompañamiento psicológico permanente
- capacitación laboral para madres y cuidadores
Los niños huérfanos —hijos de conductores asesinados como Paul López, Gustavo Salazar, Loymer Benigno o Carlos Advíncula— permanecen como el rostro menos visible de una violencia que se ha instalado en el transporte urbano peruano.
Suscríbete a nuestro Newsletter
Recibe gratis las noticias clave del día en tu correo











